
"¿Es Usted político o lo de mentir le viene de familia?"
Mentimos continuamente, casi es una necesidad, mentimos para no quedar mal, para no hacer daño, para conseguir lo que queremos.
Es difícil encontrar un día en que no digamos una mentira, nos excusamos en mil y una tonterias para justificarnos.
Pero en realidad mentimos por egoismo.
NOCTURNO
" Hoy no sé si realmente escribo para mí o si, por el contrario, lo estoy haciendo para tí. Preferiría pensar que escribo, como tantas otras veces, forzado por algo que nunca sé de donde viene, pero que me obliga a detenerme y tratar de dejar señales de que algo extraordinario pasa por mi vida, marcándola y dibujando una senda que se abre con expectativas desconocidas y frente a la que no puedo evitar asomarme.
¿Por qué detrás de cada puerta que se abre siempre tememos entrever el dolor? ¿Tan difícil es pensar en que alguno de esos caminos estará enlosada de baldosas amarillas y nos llevará, entre algodones, hacia ese mundo mágico de Oz donde todo se detendrá, sea tiempo, abrazo, beso o amor?
He estado hablando contigo hace un rato. Ahora, ya muy tarde, no he podido evitar volver a sentarme para escribirte. Y por fin me doy cuenta de que lo hago tanto para tí como para mí, para ambos; quizás, por eso, sea ésta la primera cosa que hacemos juntos.
Aunque tu cuerpo se mantenga allá, muy lejos, te atraigo hacia mí, conjuro tu presencia, con el poder que tienen los deseos formulados en el silencio de la noche. Y, de repente... apareces. Te vas mostrando poco a poco, surge tu cabello oscuro y tus ojos hambrientos de vida; tu sonrisa, tanto tiempo oculta y derrochada; todo tu ser. Puedo olerte y casi tocarte. Tu voz ha acabado, finalmente, por acercarte y desvelarte, mostrarte ante mí para que podamos, ya juntos, seguir nuestra conversación. Fuera, la noche se prolonga, cómplice y amiga, y nos invita a perdernos entre sus pliegues, huyendo de un alba que acabará por diluirte y raptarte de mi lado.
¿Sorprendida de estar aquí? Recuerda que no hay nada que las palabras no puedan conseguir: convertir el llanto en risa, la tristeza en melancolía y a ésta en alegría, la distancia en cercanía o a tu voz en tu presencia. Todo lo pueden, sólo hay que encontrar las precisas, esas palabras mágicas que son capaces de transformarlo todo y convertirlo en aquello que más deseamos. Y ahora lo que más deseo es que estés junto a mí, mirarte y admirarte, y con estas palabras, ni mejores ni peores que otras, pero, quizás, las necesarias, lo voy consiguiendo.
Ya estás aquí y puedo hablarte despacio, con mi cabeza apoyada en tu regazo y tus dedos acariciando mi cabello.
Y ahora que lo he conseguido, ¿qué podría contarte? Tenemos que hablar de tantas cosas, ¿verdad?. Saber que la noche se ha convertido en nuestra aliada y nos protege, nos aleja de los atropellos del teléfono y nos abre las puertas del sosiego es una experiencia que todavía está por descubrir. Toda una noche para dos vidas. Aunque pudiera parecer breve, ¿qué no daríamos ahora por ella cuando sabemos que su precio serán cuarenta días de anhelos y temores? Toda una eternidad.
Trato de abrirme ante ti como un libro, siempre repleto de posibilidades pero que espera esa lectura definitiva que le dé todo su sentido, que lo convierta en algo pleno, alejado de los sinsentidos que van dejando quienes no saben leer en él, quienes no entienden que en un libro no sólo está lo que ellos quieren encontrar, sino que también tiene una vida propia que necesita de alguien que le abra las puertas y le deje volar, para mostrarse como es y contar su historia sin imposturas. ¡Qué difícil encontrar ese lector-hembra que añoraba Cortázar! Esa persona capaz de acercarse al libro sin prejuicios, sin ideas preconcebidas y saborearlo como lo que es, como el resultado de un proceso sobre el que nunca tuvo oportunidad de decidir pero que, a partir de entonces, para bien o para mal, marcará su vida y se convertirá en una parte de él que nunca podrá mutilar.
Supongo que conforme pasa la noche me voy haciendo más oscuro, me voy diluyendo entre sus brazos y acabo volviendo a escribir más para mí que para ti. Siempre es igual. Al final, esto se convierte en un monólogo interior, en un debate entre sentimientos sobre el que yo poco puedo decir. Asisto y levanto acta, y ellos, ignorantes de que quizás pudiera aportar algo, me van relegando, desplazando, simple notario de una confusión que no encuentra ventanas a las que asomarse ni salidas para escapar. Pero, ¿y no es eso sentirse vivo? Notar que todo tu cuerpo se altera cuando suena la música que has elegido para ponerle armonía a ese momento de tu vida, que escuchas y repites hasta la saciedad como si fuera esa la única manera de sentir cerca a la otra persona; que tu corazón da un vuelco cuando suena el teléfono y tus manos tiemblan al descolgarlo, anhelando su voz aunque sepas que está lejos; que hasta la rutina más pesada se colorea pensando en cómo te gustaría poder describirle lo que haces, cómo lo haces o por qué lo haces. ¿Por qué no es siempre así? ¿Por qué, sin quererlo a veces, nos vamos durmiendo, convirtiendo a los sueños en la vida y a la vida en un lamento? ¿Por qué lo raro tiene que ser vivir? Me niego.
Y cuando hayas leído esto te preguntaras, pero “qué quieres decir, qué me querías contar”. También me lo pregunto yo, es muy tarde y la confusión y el cansancio me van envolviendo (prefiero no echarle la culpa al vino, él nunca tiene la culpa). Empiezas a diluirte; angustiado, trato de retenerte aún un poco más junto a mí, no quiero que te vayas porque, cuando desaparezcas, volveré a estar de nuevo solo. Y de pronto veo como comienza a clarear el día y entiendo que ha llegado la hora, el conjuro comienza a deshacerse, vas diluyéndote lentamente ante mí y en el último momento, entre brumas, todavía te da tiempo a lanzar un beso lento y pausado.
Bajaré a la playa para ver como llega el día y sentarme frente a tu mar pensando que dentro de poco, mientras tú te levantas, yo me estaré acostando. Nos cruzaremos en el camino y ni tú ni yo sabremos que la noche ha sido nuestra, que la hemos pasado el uno junto al otro envueltos por la brisa de ese mar que tanto adoras y unas pobres palabras que, ahora que amanece, se evaporan con el sol. "
Esto lo escribieron para mi, pero al final, todo acabó siendo otra mentira.
Diomedea